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José Hierro en el recuerdo

12/04/2012

Hoy comienza en la Fundación que lleva su nombre una serie de homenajes al poeta José Hierro.

Conocí su poesía en mis años de estudiante universitaria. Era una antología de la editorial Taurus que reunía a cuatro poetas: José Luis Hidalgo, Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro.

Hoy escribo algunas cosas en este blog que tomó su nombre de un verso de otro poeta, compañero de aquel cuarteto de mis años universitarios, Blas de Otero.

Todavía conserva el libro el forro que lo protegía de las idas y venidas y mantiene el calor de un contacto primerizo con una poesía que nunca me enseñaron los profesores en mis años de estudiante. Está lleno de notas, subrayados, pliegues… Pero, sobre todo, están sus palabras en mi memoria. Siempre viajó conmigo allá donde fuera y siempre encontré, en los cuatro poetas, palabras que me ayudaron a seguir en momentos difíciles.

Y ,sobre todas, el último verso del poema de Hierro, “Viento de otoño” : Somos alegres porque estamos vivos.

Sentía una fascinación especial por aquel hombre que era capaz de escribir:

Llegué por el dolor a la alegría.

Supe por el dolor que el alma existe.

Lo volví a encontrar, ahora en persona, en una tarde memorable en la que dio, en el instituto del que era profesora,  un recital inolvidable. Eran tiempos en los que nuestra Consellería atendía la enseñanza pública y organizaba tertulias con figuras relevantes. Todo fueron facilidades.

Aquel año, yo explicaba en el COU su Libro de las alucinaciones y aún tiemblo al pensar que el autor respondió a preguntas de mis alumnos sobre poemas ya explicados en clase. Fue como un examen angustioso.

En el Departamento, preparamos con mimo durante meses su llegada. Había llegado gente joven y emprendedora que siempre estaba dispuesta a innovar y a trabajar en lo más difícil. En cada clase se realizaron dibujos inspirados en sus poemas. Los mayores participaron en un concurso de poesía dedicado a la figura del poeta. El premio fue para una alumna aventajada que hoy es compañera y profesora de Lengua Castellana.

El vestíbulo del salón de actos se llenó de dibujos coloristas que dieron forma  a la imaginación de nuestros alumnos. Todos, hasta los más pequeños, sabían que venía un poeta. Algunos era la primera vez que oían hablar de tal cosa y sospecho que para ellos esa palabra se relacionaba con algo extraño. Pero pensaban que debía de ser alguien importante porque hasta el Concejal de Cultura de la ciudad había llegado para recibirlo.

Cuando entró aquel hombre recio, grande, completamente calvo y con aspecto fiero, el silencio se adueñó de la sala. Fue ganándoselos con aquella voz grave, lenta, cadenciosa, que lo mismo recitaba que contaba una anécdota. Fue respondiendo sus preguntas, fue desgranando recuerdos. Nos explicó que sentía la música de las palabras antes de saber cuáles serían. Que después de la melodía llegaban los términos, y que el poema salía poco a poco de su alma a través del ritmo de las palabras.

Fue amable y paciente firmando sus libros. Aguantó, tras un cansado viaje, un acto académico que resultó entrañable y aún tuvo fuerzas para cenar con nosotros, los profesores, que no queríamos dejar marchar a aquel poeta sin exprimir del todo su sabiduría.

Lo recuerdo silencioso, apenas probó bocado. Escuchaba y respondía educadamente nuestras preguntas y,  en los postres, se dedicó a dibujar amorosamente, en el libro que le tendí para firmarlo, un retrato mío que guardo con cariño. La tinta la diluyó, mojando su dedo en la taza del café, y el resultado es una acuarela extraña que me parece un recuerdo entrañable.

En el Departamento, sigue colgado en la pared el cartel que un alumno de 2º de BUP, magnífico diseñador actualmente, hizo para anunciar su llegada. Y también una fotografía en la que los profesores lo rodeamos, mientras firma libros.

Cuando, ahora, por necesidades de espacio, damos clase en el departamento, los alumnos preguntan quién es ese hombre “tan calvo”. Y siempre hay una clase en la que se habla de poesía en vez de hablar de Gramática.

Y siempre les explico que decía:

La poesía es una caja fuerte cuya combinación desconocemos. Se abre desde dentro, cuando ella y nada más que ella quiere.

Hace poco que usé de nuevo sus palabras como apoyo en un día aciago. Día en el que me enteré de la injusticia que supone que la Educación sea la pagana de tanta y tanta desvergüenza.

El 3 de abril habría cumplido 90 años José Hierro. Hoy, su nieta se empeña en impedir que lo olvidemos. Creo que aquí, en nuestra ciudad, dejó una huella tan profunda que nadie de los que asistieron a aquel acto podrá nunca olvidarlo.

Gracias por tu compromiso, tu integridad y tus palabras eternas, José Hierro.

9 comentarios leave one →
  1. 13/04/2012 10:17

    Recuerdo siempre sonriente a una niña curiosa ante la estantería del cuarto de estar. ¿Mamá, quién es ese señor? ¿Qué estabais haciendo? Una fotografía en blanco y negro, en el centro un hombre con la mirada clavada sobre algo en lo que apoya un bolígrafo, lo rodean muchas miradas fijas en él. No tiene marco. Nunca ha tenido marco. Está dentro de uno de esos portaretratos que solo tienen un cristal sobre la foto, como si ningún marco debiera restarle protagonismo a la imagen. Aún me gusta quedarme mirándola sobre la estantería del salón. Siempre me gustó la foto.

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    • 13/04/2012 18:00

      Quizá las palabras del poeta te llegaron antes de que tu existieras. Es posible que una de las personas que rodeaban al poeta las guardara para ti.
      También es posible que la niña curiosa lo supiera sin saberlo. Y quizá por eso siempre le gustó la fotografía.
      ¡Hay tantas cosas que no comprendemos pero que, sin embargo, sabemos!
      Besos, soñadora curiosa.

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  2. ana r permalink
    13/04/2012 17:59

    He leído muy poca poesía, poquísima porque las veces que lo he intentado me ha costado mucho entender algunas estrofas y me he cansado, pero leyendo este artículo me he transportado a esa aula, me he sentado en primera fila, y ha sido un verdadero placer.

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    • 13/04/2012 18:24

      Muchísimas gracias, Ana. Tus palabras, tan sensibles, demuestran que no has leído poesía porque no has encontrado a “tu poeta”.
      La poesía no se entiende, se siente. Lorca decía que la poesía no quería adeptos sino amantes. Y el amor no se entiende, llega.

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  3. 15/04/2012 18:59

    Me ha encantado la entrada. Por muchas razones, aunque probablemente porque, como Leire, también he visto de cerca los testimonios de aquel encuentro –confieso que desde que me enseñaste aquel libro dedicado con tinta y café me he visto varias veces haciendo garabatos en servilletas con los posos del café solo.

    Sobre la fascinación, sobre José Hierro (y sobre ti misma) seguro que te acuerdas de algo que escribí hace ya tres años.

    “Els dies següents, passa les fulles de tots els llibres a l’abast, també les llig abans de passar-les, però en passa tantes i tan ràpid que es dubtaria si està llegint o inspirant les paraules com si li manqués l’aire per respirar. Seria àgil per a la narració presentar aquest comportament com un fet espontani, però els actes del nostre personatge són fills de consells sobris. Fill escau com paraula perquè els bons consells són propis d’una mare o d’un pare, d’aquells que han caminat moltes distàncies i la seua veu és tan sòbria que sovint les seues paraules es confonen amb les de José Hierro –fins i tot el nom el tenia sobri el poeta.”

    Pues eso.

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    • 15/04/2012 20:03

      Claro que recuerdo esas palabras. Y son una recompensa enorme a muchas cosas.
      Dibujar y escribir…
      Los sueños a veces se cumplen, y asusta verlos hechos realidad.
      Simplemente, gracias.

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  4. José Ferrandis Peiró permalink
    16/04/2012 14:41

    Recuerdo a mis dos profesoras de aquel año (a Consuelo Allúe y a ti misma) realmente emocionadas en aquel acto. Fue uno de esos días diferentes, tanto para profesores como para alumnos. Por desgracia, como tú misma dices, muchos no entendimos nada. Éramos jovencitos y nos costó centrar nuestra atención como él merecía. Sin embargo, nunca olvidaré a aquel hombre y a mis profesoras (aunque juraría que fue por la mañana y en la sala de exámenes de al lado de la sala de profesores). Supongo que, aprovechando su presencia, hizo más de una charla aquel día.

    Cada uno tiene sus gustos. Y los míos, en poesía, son Cernuda, Neruda y una finlandesa llamada Marta Tikkanen. Pero, sin duda, tener la oportunidad de conocer en persona a un escritor tan ilustre como él me impactó tremendamente. Hace unos días estuve en el Beato Carmelo del Real de Gandia con chavales de 5º y 6º de Primaria, hablándoles de la historia de la que trata mi novela, y me acordé mucho de aquel día. Fue muy especial aunque, evidentemente, ni ellos eran yo ni yo José Hierro…! Gran homenaje, Agustina!

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    • 16/04/2012 18:53

      Es curioso cómo los recuerdos son propios de cada uno. He confirmado en las fotos que el recital se hizo en el salón de actos y José Hierro llegó sólo unas horas antes. La cantidad de gente que asistió no podría caber en el aula que tú recuerdas. Pero da igual.
      Lo importante es que uno de los “jovencitos” que dice que “no entendió nada” es ahora novelista, da charlas a niños y recuerda aquel día como algo importante. Además, lee poesía y los autores que menciona como favoritos eran algunos de los maestros del poeta José Hierro.
      Seguro que los pequeños del Beato Carmelo te recordarán con la misma nitidez y cariño que tú recuerdas a José Hierro. Esas actividades que ahora tiene olvidadas la Conselleria y los frutos que consiguen son la base del mañana. No debemos permitir que las cercenen.

      ¡Mucha suerte en todas tus presentaciones! Ya sé que no paras.

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  5. Consuelo Allué permalink
    16/04/2012 20:30

    Hola, gentes de al lado de la Mediterránia! Sí, recuerdo bien aquel día. El secretario del insti(Vicen se llamaba?) fue al mediodía a buscar a José Hierro, y comieron juntos una paella. Por la tarde temprano llegó al insti. Entró moreno morenísimo y mirando escrutadoramente a los que lo esperábamos, con sus dos ojos negros y penetrantes. Yo intenté esconderme detrás de Agustina (que es más bajita que yo; recuerdo bien aquel gesto mío tan irracional). El acto fue en el salón de actos. Fue largo, intenso, curioso. Después unos cuantos alumnos se acercaron a José Hierro para que les firmase el libro. Y él les hizo a todos absolutamente a todos dibujos, además de firmar. Casi dibujaba, hacçia un boceto de cada persona. Yo guardo mi Libro de las alucionaciones como un tesoro.
    Luego nos firmó a los porfes, luego Alberto Roldán nos hizo algunas fotos (esa que todos guardamos) y finalmente nos fuimos a cenar a un lugar de la playa cuyo nombre no recuerdo. Como dice Agustina, José Hierro escuchaba pacientmente y callaba humilde y sabiamente mientras algún pesado ególatra no dejaba de decir todo tipo de sandeces que no venían a cuento. En fin, también de estos comportamiento se aprende mucho mucho mucho.
    Un día inolvidable, cuyo eco ha llegado lejos en el espacio y en el tiempo. Saludos

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