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Intifalla: un grito silenciado

22/03/2012

Hubo una fiesta que nació para ser ácrata y rompedora, para hacer crítica sana. Para perder el respeto, por unos días, a la severidad de las instituciones, al poder y a la imposición. Nació pagana, lúdica y vital para celebrar el brote de la primavera cada año.

Pero no gusta demasiado a los que mandan ni la libertad, ni la risa de las gentes. Es propio de cabezas medianas, decía Machado, arremeter contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.

Y las Fallas heterodoxas pronto fueron engullidas por un poder que las rehizo a su medida. Se introdujeron signos religiosos en la dictadura franquista, lo lúdico dio paso a lo económico y al exhibicionismo social, y la crítica fue domesticada.

Sólo algún destello de rebeldía, en fallas como Arrancapins, se opone al dictado del poder y es reivindicativo frente a la sumisión. En la estela de las Fallas de la II República o las protestas a favor del valenciano de los años 60.

Pero este año ha sido diferente. Algo ha vuelto a sus orígenes. Una crisis persistente y un movimiento ciudadano lo han hecho posible. Ha nacido una metáfora de rebeldía llamada Intifalla. Un grito de libertad que vuelve la mirada al pasado para beber de las fuentes originales y devolver al pueblo lo que le había sido arrebatado al ser reducido a mero público espectador.

La crítica en libertad se ha puesto día a día al servicio de 19 causas tan reales como imprescindibles. Desde la protesta por los recortes sociales hasta la defensa de una democracia más representativa. Pasando por la igualdad de género, la manipulación informativa de Canal 9   o  la dictadura de los mercados sin regular.

Tiene razón el presidente Fabra al exigir “respeto por la fiesta”. Eso pide la Intifalla. Pero ni siquiera leen su manifiesto. Lo desprecian.

Porque se le había perdido el respeto a la fiesta al mezclarla con actos religiosos traicionando su origen pagano, al usarla de modo partidista para manejarla y al ejercer una perversa manipulación de las raíces.

Acierta también el presidente cuando afirma que “se politiza la fiesta de todos”.

 Ellos han venido haciéndolo, de modo partidista, muchos años. Han arrebatado la voz a los disidentes, comprado con subvenciones a los afines, arrinconado a los críticos. Han tapado escándalos y corrupción con el ruido de la pólvora y ninots domesticados.

Han identificado, de modo peligroso y torticero, a su partido con la sociedad valenciana. De modo que ejercer crítica legítima te convierte en un mal valenciano. Demonizan a “forasteros y catalanistas” ,eliminando de un plumazo el razonamiento y huyendo de la argumentación con demagogia.  Parece que la asistencia reiterada a las mascletades en el balcón del poder les ha provocado una sordera selectiva. No escuchan las reivindicaciones ni las protestas y sólo oyen el ruido de la pólvora y el incienso de las alabanzas. La Intifalla quiere ahora política de verdad, ética del bien común. La de todos.

Porque “la fiesta es del pueblo” como afirma el concejal de Fiestas de Valencia. Y pueblo son también los que protestan ante ellos. No se ataca a la fiesta, ni a las falleras, se ataca la corrupción y la desvergüenza.

Pretendieron ahogar la protesta en decibelios, de modo infantil, al subir el volumen de la música para criminalizarla luego, usando a las falleras como escudo o enviando al camión de la limpieza.

Está claro que la crítica no les gusta. Y, como les falló todo, decidieron ocultarla. No ha existido la Intifalla para los medios de comunicación. Aquí no pasa nada. Otra vez más, se convierte al periodismo en algo servil al dictado del poder. No cuentan la realidad, la fabrican. Y fallan otra vez a los ciudadanos.

Porque mientras el presidente y la alcaldesa representan en su exclusivo balcón, que es de todos, la ceremonia engañosa del comienzo de la primavera, esta tierra se desangra. Valencia paga sus delirios de grandeza, como afirma el periódico Le Monde.

No podrán, aunque quieran amordazarla, con la ola de protesta de un pueblo indignado y harto de que se lo arrebaten todo y de que le mientan. Pretenden quedarse hasta con las Fallas.

6 comentarios leave one →
  1. 22/03/2012 11:28

    Esta gente tiene muy bien estudiadas las “Diez estrategias de manipulación mediática” del gran Noam Chomsky. Hay que reconocer que son muy listos…aparte de tantas y tantas otras cosas no demasiado positivas (por lo menos para el pueblo del que “se sirven”). Saludos!

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    • 22/03/2012 11:58

      Tienes mucha razón. Sobre todo, tienen todos los medios de comunicación en sus manos. Y, a los que no controlan, los cierran o los asfixian. Y subvencionan a los afines.
      Así, las estrategias de distracción son un juego de niños. Lo que no les interesa no existe.
      Gran hombre, gran pensador y magnífico lingüista, Chomsky. Y muy lúcido. Cada vez quedan menos intelectuales, en sentido amplio, como él.

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  2. 22/03/2012 14:45

    Eppur si muove. A pesar de sus marrullerías, cada vez se les ve más claramente el plumero. Y cada vez somos más los Valencianos que no nos dejamos engañar por tanta mentira y manipulación. Su estrategia de engaño permanente a los ciudadanos va quedando, poco a poco, al descubierto. Se resquebraja el poder absoluto de Ritas, Fabras, Gürtelindos, Emarsas y otros muchos gestores incompetentes y escándalos varios. La sociedad se mueve, aunque no a la velocidad que nos gustaría a muchos, en dirección opuesta a la que marcan estos falsos pseudoservidores del pueblo. Tratarán de ocultar la intifalla, pero se ha producido, y seguirá existiendo, adaptándose a las circunstancias, hasta acabar políticamente con ellos.

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    • 23/03/2012 9:10

      ¡Que la decencia y la justicia igualitaria te oigan,Juan Pedro!
      No hay que permanecer pasivo ante las injusticias sociales, ya lo decía Gandhi.
      Algo se mueve, en efecto, y seguirá adelante.

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  3. 23/03/2012 19:50

    Quizá la intifalla nos recuerda otro pasado, otra forma de ser nosotros mismos… https://twitter.com/#!/intifalla/status/178079003016568832/photo/1

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    • 26/03/2012 21:55

      Quizá… Porque ese cartel que enlazas hace verdad las palabras de Hannah Arendt: “Mirar el pasado con ojos de futuro”.
      Un futuro diferente del que nos quieren imponer.

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