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Mujeres silenciadas

01/12/2011

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Largos años de lucha han logrado que lo femenino deje de ser reducto privado e invisible, para ocupar el lugar que le corresponde por justicia. Las mujeres tenemos la inteligencia que Kant nos negaba e incluso el mismo número de dientes que los hombres, pese a las dudas de Aristóteles. Es curioso que al filósofo griego nunca se le ocurriera contárselos a sus dos esposas.

No ha sido fácil. Se ha recorrido un traumático camino para romper el modelo patriarcal impuesto que las madres transmitían de modo inconsciente, perpetuando cadenas. Caminábamos a tientas, sin historia y, como afirma Hannah Arendt:

“Si no conocemos nuestra historia, estamos condenadas a vivirla como si fuera nuestro destino personal”.

Conviene saber de dónde venimos para poder entender el drama pertinaz y terrible de la muerte de tantas mujeres este año a manos de la violencia machista. Un número insoportable que sin embargo no hace levantarse a la sociedad entera.

Estas muertes son la cara más dramática del modelo patriarcal. Modelo que nos apartó de la historia y nos relegó al papel secundario de esposas y madres. Se nos dio el título envenenado de reinas del hogar a cambio de soportar el peso a veces insoportable del silencio y la sumisión.

Como decía María Lejárraga en 1917:

 “Las mujeres callan porque creen firmemente que la resignación es virtud. Callan por costumbre de sumisión. Callan porque, a fuerza de siglos de esclavitud, han llegado a tener alma de esclavas.”

La II República liberó a las mujeres de su losa, pero el franquismo las enterró de nuevo en 40 años de silencio y olvido.

La democracia supuso un salto en el vacío difícil y traumático. Un camino sin referentes. Los hombres se habían ocupado de que todos los modelos fueran masculinos.

Hoy, conseguida la igualdad ante la ley, estamos muy lejos de la igualdad real. Las corrientes patriarcales perduran. Las leyes no bastan. Es precisa una labor educativa urgente que inculque la igualdad y el respeto a la mujer desde la infancia. Es más difícil cambiar la mentalidad que las leyes.

Hombres inseguros, cada vez más jóvenes, ven en los avances femeninos un peligro para su identidad. Un estudio reciente demuestra que el 60% de los adolescentes defiende prototipos machistas. Ellas aceptan ser controladas, y ellos identifican amor y celos.

La inseguridad que provoca la independencia de las mujeres en el mundo masculino, inmerso en patrones machistas, transforma el miedo del hombre en violencia física. Si la mujer se hace visible, si reivindica sus derechos como ser humano, si quiere ser libre, se convierte en amenaza para el orden establecido y su vida corre un serio peligro.

Además, las voces conservadoras pretenden que la mujer vuelva a su casa. Por eso los derechos de la educación y la atención a dependientes son los primeros que se recortan. Ellas se ocuparán de atenderlos como siempre ha sido. Incluso se publicitan modos de vida de las bisabuelas con un halo de falsa nostalgia atractiva.

Esta crisis puede ser una coartada letal para los derechos femeninos logrados. Habrá que estar muy alerta.  Porque ahora mandan los mercados ultraliberales.

Y es más barato tenernos en casa calladas que pagar la Ley de Dependencia o las escuelas infantiles.

Imagen:  Perla Fuertes

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