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Electores teledirigidos

10/11/2011

Estas elecciones son raras. Incluso se nos vende que serían prescindibles. Que el resultado está escrito, que da igual lo que hagamos. Pero no es verdad.

El futuro no existe, está por escribir y se hace de nuestros miedos y nuestras esperanzas. El miedo al futuro es la raíz del sufrimiento, y la esperanza, la raíz de los sueños. Nunca nada puede darse por concluido.

La ciudadanía, afectada por un desánimo, mezcla de miedo y rencor, parece que se dispone a aceptar resignada lo que alguien, revestido de un pretendido poder omnipotente, parece haber decidido ya.

Es verdad que estamos perplejos ante una situación de crisis mundial inaudita y de dimensiones desconocidas.

Es verdad que hemos despertado a una pesadilla terrible tras el cambio de siglo. Como afirma Carlos Fuentes:

“Celebrábamos el nuevo milenio. Se hablaba del fin de la historia, de la solución de los problemas, del triunfo del capitalismo y la democracia. Ahora, todo ha de reformularse y repensarse”.

El capitalismo ha transformado todo en mercancía. El boom inmobiliario es su siniestra metáfora. Crecer supuso destruir y la construcción sólo ha parado su labor destructiva obligada por las circunstancias. Y nos ha dejado desnudos.

La democracia se tambalea empujada por el poder económico y sus leyes inexorables. Véase Grecia. Hasta le imponen gobierno.

El pensamiento único ultraliberal amenaza llenarlo todo. Suenan otra vez, las siniestras consignas esculpidas en el Ministerio de la Verdad de la novela 1984 de Orwell:

LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD

LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

El trabajo esclavo planea como un negro pájaro sobre las conquistas sociales. El presidente de la patronal madrileña, mano derecha de Aguirre, lo dijo claro. Las reformas serán “contundentes” y traerán cambios “brutales”, aunque no guste a los ciudadanos. Esa es la libertad que nos viene.

Ignoramos en qué medida afectarán esos sacrificios a patronales, bancos, dirigentes y políticos que ocultan su programa. Nuestra ignorancia es su fuerza.

La televisión y la política- espectáculo están en marcha y ejercen una especie de amnesia del pasado.

Mensajes cortos y efectistas. La información se transforma en ruido. No se razona, se traga propaganda. Quieren electores virtuales y teledirigidos, sin sentido crítico. Transmiten emociones, no ideas. Por eso nos hurtan auténticos debates con periodistas independientes, preguntas no pactadas y tiempos libres, como se hace en Alemania.

Se vacía el discurso y se simplifica. Los monólogos aprendidos y leídos no sirven. Los bustos impasibles, menos. El elegido tras el falso debate, en el que faltaban muchos otros, no será el mejor servidor público, sino el que menos arriesgó.

La seriedad moral en lo público supone coherencia entre intención y acción. No silencio y ocultamiento.

Reaccionar de modo libre e inteligente es una necesidad y una respuesta cívica a la indignidad. Si queremos mejores gobernantes, tendremos que pedir más de ellos.

No nos dejemos dirigir.

Decía el poeta Juan Ramón Jiménez:

 “Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado”.

2 comentarios leave one →
  1. 14/11/2011 23:53

    Tocas un tema que me apasiona a mí y a John Wallis (mi director de tesis).
    No entraré en si el capitalismo es bueno, malo, o en si se va a acabar., o en si hay que dinamitarlo o que reformarlo o qué narices hay que hacer con él. Y no lo haré porque, sinceramente, no tengo respuestas demasiado convincentes para todas las preguntas que sugiero.
    Lo que sí que creo es que esta crisis no tiene nada de excepcional ni debe hacernos pensar que supone un desafío brutal para el capitalismo o nuestras sociedades. La crisis del 29 fue inmensamente peor que esta en cuanto a sus repercusiones sociales y económicas. Hemos aprendido mucho y ahí está el limitado impacto de los “cracks” bursátiles del 87 o de principios del 2000 para probarlo. Es cierto que esta crisis es fortísima pero no tiene nada de excepcional en la historia. Ni siquiera el componente “boom inmobiliario” es novedoso: también lo hubo en Florida en 1928.
    ¿Supone esto una amenaza para la democracia? El desarrollo en las sociedades occidentales puede entenderse como una lucha continua para compatibilizar mercados y democracia. A los yanquis les costó más de medio siglo empezar a tocar las teclas correctas a principio del siglo XIX y dar con las regulaciones e instituciones adecuadas para compatibilizar su democracia federal con unos mercados relativamente libres y eficientes. Las conquistas sociales que mencionas en tu texto demuestran que también en este aspecto hemos avanzado mucho y que no sólo de mercados eficientes vive el hombre (y la mujer): no estamos en una economía 100% de mercado (dudo que eso pueda ocurrir y no encuentro evidencia histórica que aliente el sueño anarco-capitalista) y la lucha entre los intereses económicos (más o menos nobles) y los políticos (igualmente más o menos nobles) es, repito, una constante.
    Hoy en día sufrimos un periodo de desajuste porque seguramente el aspecto económico ha ido más allá de lo que la experiencia y el sentido común (de algunos) dictaba: la desregulación financiera, el crecimiento insostenible o el ataque a servicios y prestaciones públicos son algunos elementos ideológico/económicos de este “desajuste”.
    ¿Es este el fin de la historia?, ¿deben sonar las trompetas apocalípticas? No. Tarde o temprano vendrán tiempos mejores y confieso que me descubro como un optimista empedernido en lo que se refiere a nuestra capacidad para acabar encontrando un nuevo equilibrio que atenúe los nubarrones que tenemos encima en este momento. No será fácil. Pero nunca lo ha sido.

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