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Pobreza

14/10/2011

 Un lejano diciembre de hace 63 años, nació la Declaración de Derechos Humanos. Hoy, sigue sin cumplirse ese hermoso sueño heredero de la Ilustración. Las personas no son libres ni iguales en dignidad y derechos.

Ocho millones de seres mueren al año a causa de la pobreza severa, una de las mayores infamias de nuestro avanzado mundo. La mayoría en África, nuestra vecina del sur, la gran olvidada. Hambre y enfermedades, como sida y malaria, diezman pueblos en los que sólo hay ancianos y niños sin esperanza.

En palabras de Mayor Zaragoza:

“La pobreza espiritual de los más ricos causa la pobreza material de muchos. Fueron vendidos al peso. Debemos pagar la deuda”.

Pero se mira a otro lado. Se acepta que nacer en el olvidado Sur supone hambre, esclavitud y muerte. El perverso determinismo que afirma que siempre habrá ricos y pobres es sólo una excusa.

Sachs, economista asesor de la ONU, afirma que con sólo dedicar el tan demandado 0’7% del PIB se erradicaría la pobreza en el primer cuarto de este siglo. Tenemos los medios tecnológicos. Falta voluntad. Nada más.

Bastaría con cumplir los Objetivos del Milenio, que hoy agonizan, o desviar el dinero que invertimos en Defensa y armamento a la ayuda al desarrollo. Países como los EE UU dedican 100 dólares a las armas por cada 6 centavos de ayuda a países pobres.

Tampoco el crecimiento económico en el primer mundo lleva consigo la igualdad. Y los destellos que había se han apagado con esta crisis terrible y demoledora que ha provocado la codicia de unos pocos.

Hay cada vez más pobres a nuestro lado. Son exponente del abandono de las políticas sociales. Cuando esto ocurre, las crueles leyes del mercado sustituyen a los valores universales. Hacen esclavos en nombre de la libertad de comercio.

Se pone en manos privadas la lucha contra la pobreza. Los voluntarios cubren carencias en una labor  encomiable, pero no pueden ni deben sustituir al Estado. Lavar las conciencias con caridad no es el camino. La igualdad es cuestión de justicia social no de compasión.

Dice Gustavo Gutiérrez, creador de la Teología de la Liberación:

“Pobre, en sentido evangélico, es el considerado insignificante, sea por falta de dinero, por el color de la piel, por ignorancia, o simplemente por ser mujer”

Valores laicos y evangélicos coinciden, como no podía ser de otro modo, mal que le pese a cierta jerarquía eclesiástica. Porque la justicia sólo tiene un camino: dar a los abandonados la oportunidad de ser personas.

 Sin embargo,algunos obispos condenan todavía hoy la Ilustración. Deberían meditar sobre lo que dijo el novelista Arguedas al sacerdote Gutiérrez:

”De ese Dios del que me habla yo nunca he sido ateo”.

Quizá ellos, la jerarquía que ataca a los teólogos de la liberación, hablan de otro dios más cercano al César. El dios dinero.

En todo el mundo, y seguramente en tu ciudad, se convocan hoy concentraciones contra la pobreza. Debemos asistir para testimoniar nuestra protesta por un mundo desigual en el que parece desaparecida la solidaridad y la justicia igualitaria en nombre del egoísmo y el “sálvese el que pueda”.

Esta invitación es la que  he recibido para Gandia:

CONCENTRACIÓN CONTRA LA POBREZA

Viernes, 14 de octubre, a las 20 h.

Plaza Rei en Jaume. Gandia

2 comentarios leave one →
  1. 15/10/2011 7:09

    Estoy en desacuerdo con la idea de Sachs. Por desgracia el problema del desarrollo no se reduce a un problema de transferir fondos a los países pobres (algo que, aún en cuantía insuficiente, ya lleva haciéndose desde hace mucho tiempo con resultados más bien decepcionantes). Sin negar el interés de repensar los mecanismos de ayuda internacional, de poco servirá transferir fondos a países dominados por elites que se reparten el pastel entre ellas. El problema es ciertamente complejo y apenas empezamos a tener pistas de las maneras en que la esfera política y la económica interaccionan en los países desarrollados y en los subdesarrollados. Avanzar en este sentido permitirá no cometer errores como pensar que basta con transferir fondos o abrir los mercados de forma brusca e indiscriminada.
    En un terreno menos abstracto, hoy hay que salir a la calle. Sin duda.

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    • 15/10/2011 9:51

      No seré yo quien ponga en duda una objeción tan pertinente y documentada. Tengo por costumbre sensata retirarme ante los expertos y aprender, y tú lo eres. Quizá faltaba, en la entrada, añadir que la ayuda económica no sirve, si no va acompañada de una efectiva ayuda a la educación y la cultura- ¡siempre la educación!- que permita a los pueblos sacudirse los yugos de dictadores que, como se ha demostrado en tantos países,
      son recaudadores de la ayuda que les llega y que sale del país para acabar en bancos europeos.
      El mismo Sachs habla de enseñar a cultivar la tierra como modo de avance y de la trampa de la pobreza que impide salir de ella. Y, mientras cambiamos las condiciones, mueren niños de hambre y de enfermedades fácilmente curables.
      Pero también, y esto lo añado yo, están personas como Wangari Maathai que hizo caer la dictadura en Kenia a pesar de los pesares y consiguió levantar a las mujeres del suelo. O las tres mujeres que han recibido el Nobel de la Paz.. Claro, que ellas han estudiado y devuelven a sus países lo recibido.
      No sólo dar peces sino enseñar a pescar.
      Sé que el problema es complejísimo y los profanos simplificamos las cosas. De hecho Sachs lo desarrolla en un libro de más de 500 páginas: El fin de la pobreza
      Efectivamente, ayer tocaba salir a la calle y después seguir aprendiendo y debatiendo. Por desgracia, no fuimos muchos los que lo hicimos.
      Las tiendas estaban más llenas que la plaza…Espero que no sea una metáfora cruel.

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