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¿Justicia o venganza?

24/09/2011

 Hora de duelo, taciturna mirada del sol, es el alma un extraño en la tierra.

Georg Trakl

De nada ha servido el clamor internacional. Troy Davis fue ejecutado el miércoles con una inyección letal.

Nadie es dueño de la vida humana. Nadie puede arrebatar a un ser humano la posibilidad de demostrar que no es culpable. Nadie puede ser condenado sin pruebas.

Una vez más, la barbarie aplasta la humanidad.

Pero se aplaude al posible candidato republicano a la presidencia de EE UU por defender la pena de muerte. Y Obama tampoco ha querido intervenir.

Troy Davis se despidió de los que lo mataron con estas palabras:

La lucha por la justicia no se agota en mí. Esta lucha es para todos los Troy Davis que vinieron antes que yo y todos los que vendrán después de mí. Estoy de buen humor, en oración y en paz. Pero no voy a dejar de luchar hasta que haya tomado mi último aliento”.

Y recordé la hermosa carta que Vanzetti escribió a su hijo. Junto con Sacco, fue condenado a muerte, también injustamente, en EE UU. Eran líderes sindicales anarquistas.

Querido hijo mío:
He soñado con ustedes día y noche. No sabía si aún vivía o si ya estaba muerto. Hubiera querido abrazarlos a ti y a tu madre.
Perdóname, hijo mío, por esta muerte injusta que tan pronto te deja sin padre. Hoy podrán asesinarnos, pero no podrán destruir nuestras ideas. Ellas quedarán para las generaciones futuras, para los jóvenes como tú.
Recuerda, hijo mío, la felicidad que se siente cuando juegas: no lo acapares todo para ti. Trata de comprender con humildad al prójimo, ayuda a los débiles, consuela a quienes lloran, ayuda a los perseguidos, a los oprimidos. Ellos serán tus mejores amigos.
Adiós, esposa mía, hijo mío, camaradas.

Bartolomeo Vanzetti


No se ha hecho justicia, como afirma el comunicado oficial. Se ha materializado la venganza.

Todos somos Troy Davis

Quedan más de 3.200 Troy Davis en los corredores de la muerte de EE UU. Y también 17.000 condenados en todo el mundo.

2 comentarios leave one →
  1. 24/09/2011 12:39

    Mi pregunta sería la siguiente. ¿Quién tiene suficiente potestad para favorecer o mancillar la vida o la muerte de un ser humano? Si yo soy persona y tú eres persona, qué nos diferencia o nos sitúa en un nivel más o menos elevado para ser yo quien escoja tu muerte o viceversa. Se han cometido tremendísimas barbaries respecto a este tema, miles de almas deben de estar clamando desde el más allá por haber sido culpadas y ajusticiadas por crímenes de los que eran totalmente inocentes. A veces, no caemos en la cuenta de que únicamente tenemos una vida…una única vida… Si te quitan esa vida…¿qué te queda? Verdaderamente lastimoso que se termine con la vida de un ser humano de esa manera, cortándole de raíz el verdadero motivo por el que existimos.

    Un saludo muy fuerte, Agustina.

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  2. 25/09/2011 5:16

    En los debates sobre asuntos éticos o de justicia normalmente no me cuesta adoptar una actitud de simpatía crítica hacia el oponente, el que no piensa como yo. A menudo esta simpatía crítica se acompaña de una duda en lo que respecta a la validez o solidez de mis argumentos. La duda me parece hasta cierto punto sana para replantearme mi manera de ver las cosas y buscar mejores maneras de expresarlas o incluso cambiarlas. Hay, sin embargo, algunos temas en los que me siento absolutamente seguro de mi postura y reconozco que me cuesta adoptar una actitud comprensiva hacia los que sostienen una opinión contraria. La oposición radical e incondicional a la pena de muerte es uno de estos temas (seguramente junto al pleno reconocimiento de los derechos de los homosexuales o, en menor medida, la legalización de las drogas, pero no nos desviemos del tema…).
    Vicente señala dos de los argumentos más poderosos para derribar toda defensa de la pena de muerte: no somos nadie para quitar la vida a alguien (además lo del “ojo por ojo…” es un criterio más que imperfecto para reparar o compensar) y existe un siempre terrible e irreversible riesgo de error. Por si esto fuera poco -y no lo es- parece que hasta si nos redujésemos a un abyecto e innecesario cálculo económico el resultado sería que la pena de muerte no es rentable. Por una vez -y por suerte tampoco habría que pensar que esto sea un caso único- lo ético y lo rentable se dan la mano.
    Tú señalas magistralmente a uno de los casos más emocionantes para una de las críticas devastadoras que la hacen insostenible: el asesinato (porque no se puede utilizar otro nombre) de dos hombres inocentes: Sacco y Vanzetti.
    Ennio Morricone hace algún tiempo rindió un magnífico tributo musical a estos dos personajes. Aquí lo resucito como homenaje a todos los Saccos, Vanzettis o Troy Davis que ha habido y que -por desgracia- me temo que habrá.

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