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… buenos maestros tras excelentes alumnos (y II)

21/09/2011

Hay cosas que nunca podrán entender ultraliberales como Esperanza Aguirre porque su ceguera sólo esconde clasismo y desprecio por el débil. Su educación de colegio de pago no le impide estar aporreando el móvil mientras el ministro Gabilondo habla en la apertura del curso escolar en Madrid. Ya lo hizo en la entrega del Premio Cervantes el pasado año. O tener un lenguaje inadecuado cuando cree que no la escuchan.

La anécdota es imagen clara de un tipo de personas altaneras, apartadas de la cultura y la sensibilidad, triunfadoras en un mundo vano, egoísta y corrompido hasta la médula que sólo usan las palabras como herramienta de manipulación y mentira. Parece que no depende del dinero la educación y tampoco la cortesía.

Por el contrario, hay personas que recuerdan la escuela pública y a sus maestros como la ventana a la vida. Nunca se hubiera abierto esta ventana para ellos sin su ayuda.

Se llamaba Albert Camus. Era hijo de madre sorda y analfabeta. Recibió el Premio Nobel en 1957. Así recuerda a su maestro en su obra póstuma, El primer hombre.

“Después venía la clase. Con el señor Bernard (Germain Louis) era siempre interesante por la sencilla razón de que él amaba apasionadamente su trabajo. (…) El método del señor Bernard consistía en no aflojar en materia de conducta y dar a su enseñanza un tono viviente. (…) Siempre sabía sacar del armario, en el momento oportuno, los tesoros de la colección de minerales, el herbario, las mariposas y los insectos disecados, los mapas o… que despertaban el interés languideciente de sus alumnos. (…) Y aquellos niños que sólo conocían el sirocco, el polvo (…) leían aplicadamente, marcando los puntos y las comas, unos relatos para ellos míticos en que unos niños con gorro y bufanda de lana, volvían a casa con un frío glaciar (…)

Sólo la escuela proporcionaba alegrías a Jacques y a Pierre. E indudablemente lo que con tanta pasión amaban en ella era lo que no encontraban en casa, donde la pobreza y la ignorancia volvían la vida más dura, más desolada, como encerrada en sí misma; la miseria es una fortaleza sin puente levadizo. (…) La escuela no sólo les ofrecía una evasión de la vida de familia. En la clase del señor Bernard por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir.”

Las cartas que se cruzaron maestro y discípulo, a raíz del premio Nobel, son todo un homenaje a la enseñanza pública y a la gratitud:

 París, 19 de noviembre de 1957

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.

Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Albert Camus

Soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto ni sé cómo agradecértelo. Si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo para mí “mi pequeño Camus”… Todavía no he leído la obra, salvo las primeras páginas. ¿Quién es Camus? Tengo la impresión de que los que tratan de penetrar en tu personalidad no lo consiguen. Siempre has mostrado un pudor instintivo ante la idea de descubrir tu naturaleza, tus sentimientos. Cuando mejor lo consigues es cuando eres simple, directo. ¡Y ahora, bueno! Esas impresiones me las dabas en clase. El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y éstas se presentan constantemente. Una respuesta, un gesto, una mirada, son ampliamente reveladores. Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo… He visto la lista en constante aumento de las obras que te están dedicadas o que hablan de ti. Y es para mí una satisfacción muy grande comprobar que tu celebridad (es la pura verdad) no se te ha subido a la cabeza. Sigues siendo Camus: bravo…

(Carta dirigida a Albert Camus por su maestro de la Escuela Primaria Germain Louis, El primer hombre, Tusquets, Barcelona, 1994 )

Ernesto Sábato fue un físico eminente, becado por el Laboratorio Curie de Paris y el prestigioso MIT (Massachussets Institute of Technology). Lo dejó todo por la literatura. Su desgarro está relatado en su magnífico libro Uno y el Universo.

En su libro de memorias dejó escrito:

 “Los conflictivos años de mi secundaria, además del tiempo de dolorosas angustias, fueron también de importantes descubrimientos.

El primer día de clase aconteció una portentosa revelación. En un banco no demasiado visible, asustado y solitario chico de un pueblo pampeano, vi a don Edelmiro Calvo, aindiado caballero de provincia, alto y de porte distinguido, demostrar con pulcritud el primer teorema. Quedé deslumbrado por ese mundo perfecto y límpido. No sabía aún que había descubierto el universo platónico, ajeno a los horrores de la condición humana; pero sí intuí que esos teoremas eran como majestuosas catedrales, bellas estatuas en medio de las derruidas torres de mi adolescencia.(…)

Por la angustia en que vivía, busqué refugio en las matemáticas, en el arte y en la literatura, en grandes ficciones que me pusieran a resguardo en mundos remotos y pasados.

Recuerdo las bibliotecas de barrio fundadas por hombres pobres e idealistas que, con grandes esfuerzos, luego de todo un día de trabajo, aún tenían ánimo para atender cariñosamente a los chicos, ansiosos de fantasía y aventuras (…)

Debemos oponernos al vaciamiento de nuestra cultura, devastada por esos economicistas que sólo entienden del Producto Bruto Interno– jamás una expresión tan bien lograda- que está reduciendo la educación al conocimiento útil para los negocios, pero carente de los saberes fundamentales que revela el arte (…)

Hace escasos años, dos potencias se disputaban el mundo. Fracasado el comunismo, se difundió la falacia de que la única alternativa era el neoliberalismo. En realidad es una afirmación criminal, porque es como si en un mundo en que sólo hubiese lobos y corderos nos dijeran: “Libertad para todos y que los lobos se coman a los corderos”.  Antes del fin, Seix Barral, 2002.

En educación no se gasta, se invierte. Y  las “reflexiones envenenadas” de la ultraliberal Aguirre amenazan con acabar con la mejor garantía de igualdad y promoción social: la escuela pública. Lo peor es que ella sólo dice en voz alta  lo que piensa su partido. No debemos permitirlo.

2 comentarios leave one →
  1. 22/09/2011 10:18

    Es muestra de gran humildad y modestia recordar a todos aquellos que confiaron en ti cuando jamás hubiesen pensado dónde podrías llegar. Eso demuestra la grandeza y el valor de una persona, tanto Albert Camus como Ernesto Sábato lo plasmaron como mejor sabían hacerlo…escribiendo, haciendo gala de la grandeza de su persona, acorde con su intelecto.

    Me ha gustado muchísimo esta entrada, creo que muchas personas deberían de leerla y saber que el maestro no siempre imparte clases y enseñanza, en muchas ocasiones, también imparte ilusión y sueños de futuro.

    Un saludo muy fuerte!!!

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  1. Un análisis despiadado de tópicos en educación, literatura, crítica | Nos queda la palabra | El blog de Agustina Pérez

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