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Palabras íntegras

06/07/2011

En este tiempo oscuro de mentira, decir la verdad es ya un acto revolucionario, decía Gramsci. Una rebelión moral que lucha contra el resentimiento y la manipulación.

Pero decir la verdad implica usar palabras: el instrumento que nos permite pasar del pensamiento a la comunicación. Y, por desgracia, hoy no se usan para tender puentes hacia el bien común sino que se deterioran y pervierten.

Orwell ya avisaba de que se usa el lenguaje para desconcertar más que para informar. Se habla y se escribe de modo confuso porque no interesa que se entienda el mensaje. Sería quizá demasiado terrible. Algunos incluso prefieren el silencio.

Debemos ahogar el silencio con palabras íntegras. Palabras que son armas cargadas de futuro según el poeta.

Con ellas, en las que siempre creí porque me crié entre ellas y en las que creo porque vivo enseñándolas, podemos combatir la desvergüenza y la desesperanza.

Con ellas, reafirmo mi credo en la libertad de expresión contra cierres de medios  como Gandia Televisión. Aunque se escondan tras presuntas legalidades, “las cosas no son justas por ser ley, sino que son ley porque son justas”.

Con ellas, reafirmo mi credo en una enseñanza pública, fuerte y gratuita que se ve amenazada por recortes brutales y ataques envenenados de presunto trilingüismo cuando sólo pretenden ahogar la lengua propia: el valenciano.

Defiendo, con ellas, una sanidad pública ejemplar que sobrevive gracias al celo de los profesionales y que se ve cercada por la creciente privatización para aumentar el negocio de los de siempre. Hablan de gestión para ocultar la ideología y la política se acerca peligrosamente a la empresa que busca beneficios y se aleja del bien común.

Proclamo mi credo en una democracia fuerte, y no debilitada por quienes la usan en su provecho mientras desprestigian la política y la participación ciudadana. Por eso les molesta la gente en las plazas.

Exijo, con palabras, el sano derecho a discrepar siempre. Rechazo el dogmatismo que impone por la fuerza su terrorismo ideológico y se ampara en mayorías.

Confío en el buen sentido de la ciudadanía que además de saber leer razona, que no se traga bulos televisivos que ofenden la inteligencia y que sabrá separar el grano de la paja.

Siempre respeté las palabras. A ellas están dedicadas estas columnas, porque son el grito del alma cuando nos lo arrebatan todo.

Según el poeta, mañana es un mar hondo que hay que cruzar a nado. Y  siempre habrá  nuevas palabras para la travesía.

Aunque nos arrebaten la voz, siempre nos quedará la palabra.

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