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Misas

08/06/2011

Fue también en una misa. Noviembre de 1975. El cardenal Tarancón pronunciaba una homilía ejemplar en la iglesia de los Jerónimos ante Juan Carlos I en el acto de su coronación.

“La fe cristiana no es una ideología política, ni puede ser identificada con ninguna de ellas. No pertenece a la misión de la Iglesia presentar opciones o soluciones concretas al gobierno. La Iglesia no patrocina ninguna forma ni ideología política y, si alguien utiliza su nombre para cubrir banderías, estará usurpándolo manifiestamente”.

Acabábamos de salir de la dictadura franquista y el nacionalcatolicismo. Este hombre valiente y comprometido estableció las bases de una relación limpia y honesta entre poder político y eclesiástico. Sus detractores lo mandaron al paredón virtual en una de sus acostumbradas y sutiles argumentaciones.

Si la jerarquía hubiera escuchado sus palabras, quizá no se hubieran confundido creencias y política en esta ciudad. Al César lo que es del César, dijo Cristo, y a Dios lo que es de Dios.

“No es correcto celebrar con una misa un triunfo electoral”, afirma la teóloga Escribano, que asistió a unas jornadas de Cáritas este fin de semana. Entre los cristianos no hay una sola ideología y apropiarse de la conciencia de los demás no parece compatible ni con la decencia ni con la fe cristiana.

No habría nada que objetar si los asistentes a la misa lo hubieran hecho como católicos de a pie, no como representantes del Partido Popular. Nada que reprochar si hubieran planteado la ceremonia como algo privado y no anunciándola en los medios como una misa de acción de gracias por un triunfo electoral. Ni el desmentido del señor abad, enmendándoles la plana, logra borrar las palabras grabadas en la era digital. Dios no es patrimonio de ninguna ideología y destruyen la religión quienes la usan contra el contrario. Ser ateo, agnóstico o creyente son opciones respetables que dependen de la conciencia de cada cual. No se deben usar como insulto o arma arrojadiza en ningún caso.

La intolerancia es fatal para la convivencia y se equivocan los que sueñan con un revanchismo inmisericorde. La sociedad del XXI no permitirá excesos.

Quiero terminar con unas palabras sabias de Menéndez Pidal, un católico conservador, pero tolerante e inteligente que debería ser leído por aquellos que sólo piensan en el enfrentamiento:

“No es una de las semiespañas enfrentadas la que habrá de prevalecer en partido único, poniendo epitafio a la otra. No será la España de la derecha ni de la izquierda, será la España anhelada por todos que no amputa atrozmente uno de sus brazos y que aprovecha íntegramente sus capacidades para ocupar un puesto entre los impulsores de la vida moderna. Que se abstendrá, en el ejercicio del poder, de toda presión exclusivista. Suprimir al disidente es un atentado contra el acierto. Porque no hay peor enemigo que no tenerlos”.

Las escribió en 1947 mientras Franco estaba intentando acabar con la disidencia. Se siente envidia de aquel cardenal y de esa derecha culta, civilizada y tolerante de Pidal.

Pero estoy segura de que hay personas de bien que comparten sus palabras.

De todos los partidos. También del Partido Popular.

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