Skip to content

Ética y política

13/04/2011


Nos enseñaron nuestros mayores que la honradez era un valor necesario, que la ética es predicar con el ejemplo. Creíamos que había decencia, pero miramos asombrados alrededor y algunas actitudes parecen demostrar que no es así. Triunfa el hipócrita “haz lo que digo pero no lo que yo hago”.

Rajoy y Camps firman un código ético y acto seguido confirman diez  implicados en casos de corrupción, cuatro de ellos imputados, en las listas de la Comunidad Valenciana. Afirman que los absolverán las urnas, y no se sabe si llorar más por su desvergüenza o por una sociedad adormecida que parece que obedecerá sus pronósticos.

La moral es una construcción social y no puede ejercitarse sólo individualmente. Si una sociedad no exige políticos éticos es una sociedad enferma o lo que es peor, inmoral.

La democracia no es un problema estadístico de mayorías, sino la conversión de la masa adormecida en pueblo responsable. Para que la política se rija por principios éticos es necesario que la sociedad civil, el pueblo, lo exija. “Nuestro problema es crear una organización social tan eficiente como sea posible. Porque el cálculo económico autodestructivo gobierna todos los ámbitos de la vida”, decía el economista Keynes.

Necesitamos salir de lo individual y privado para comprender lo común y colectivo. Pero nos lo impide el poder económico que nos aleja de lo solidario y nos destruye como personas reduciéndonos a consumidores.

Hoy, estas actitudes inmorales destruyen el poder mediador de la Política con mayúscula entre el ciudadano y los problemas sociales. Convierten al político en un ser perverso quizá en una tarea calculada de alejarnos de la política. De este modo dejaremos el campo libre a inmorales que la usan en su provecho, no para servir al bien común.

Para que una sociedad libre castigue estas conductas se necesita una educación  permanente y planificada.  Empezar por una escuela igualitaria y pública no subsidiaria de la concertada, como ocurre en este país, guarderías incluidas. Seguir por el fomento de debates abiertos y frecuentes que mantengan viva la llama del razonamiento, no fomentar predicadores dogmáticos que intenten imponer sus opiniones. Las TV, excepto alguna como TVE, se han convertido en un foro destructor del debate limpio. No es debatir sentar a una mesa personas que opinan lo mismo y se limitan a atacar al ausente. No estamos educando ni en la escuela ni en la sociedad.  Al poder no le interesa.

Seguimos siendo un pueblo de trincheras. Pensar con las tripas en vez de con la cabeza es embestir, como decía Machado.

El saber, como el talante democrático y la moral se sedimentan cada día. Son de absorción lenta, pero permanecen en el alma y permiten ser mejor persona.

Necesitamos abrir nuevos cauces desde abajo. Necesitamos una ciudadanía activa que exija decencia y honradez. Que haga oír su voz más allá de campañas electorales que recuerdan a los malos estudiantes que sólo trabajan días antes del examen. Que castigue y denuncie la indecencia. Un político que se aparta de la moral es un mal político.

La conformidad tiene un alto precio porque nos haremos cómplices.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: