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Respeto

30/03/2011

Fernando de los Ríos afirmó, en su toma de posesión como ministro de la República, que en España lo revolucionario es el respeto.

El país, esperanzado tras los negros años del 98 y la dictadura de Primo de Rivera, iniciaba la regeneración. Poco duró la ilusión, pues 40 años de dictadura de Franco nos hundieron en el pozo del pesimismo. Decían que éramos ingobernables.

Ahora, tras las ilusiones de la Transición y la entrada en Europa, vuelven a inyectarnos desánimo. Nos dicen que somos los últimos de la clase.

Es verdad que somos pesimistas y nuestros peores críticos. Siempre auguramos que las cosas saldrán mal. Sólo nos faltaba un expresidente como  Aznar que se dedica a desprestigiar al país.

Pero no es verdad lo que nos dicen. No trabajamos poco. Lo hacemos una media de 1.654 horas al año. Como en EE UU y más que Francia (1.554) e incluso Alemania,  1.390.

No estamos condenados a la catástrofe ni nuestra productividad es nula. Miguel Boyer, poco sospechoso de izquierdista, afirma que ni somos perezosos ni improductivos. Recientemente, Boyer ha abandonado la factoría de ideas del PP por discrepar de sus métodos. Como también lo ha hecho el presidente de Libertad Digital por diferencias con  Rajoy.

La culpa no es nuestra, sino de aventureros metidos a empresarios como Ruiz Mateos o Díaz Ferrán. Bancos y cajas enredados en la burbuja indecente del ladrillo. O políticos ocupados en negocios con delincuentes en vez de ocuparse del bien común.

A su mezquindad se une un coro mediático de jaleadores profesionales que ensucian el buen periodismo y llenan tertulias en las que se desprecia nuestra inteligencia, se predica el desastre y se difunden mentiras sin complejos. Parece que demostrar con argumentos sobra. No se razona. Se adoctrina sin pudor contra el adversario.

Tampoco somos irrespetuosos ni ingobernables. Un estudio de Metroscopia ha demostrado que el 88% respeta a los demás y considera que nadie está en posesión de la verdad. Hay un sector marginal que, fanático y lleno de odio, dogmatiza y sólo cree legitimada a la derecha para gobernar. Hacen mucho ruido como los malos alumnos, pero son pocos.

La mayoría valora la democracia, aunque recela de los políticos. Exige un cambio de actitudes. No se fía del Gobierno, pero tampoco de la oposición. Rajoy no logra ni el 30% de apoyo ciudadano.

Dándole la vuelta a la frase de De los Ríos, hoy son los políticos los que nos faltan al respeto. Nos desprecia  Carlos Fabra que ha construido un aeropuerto para que las familias paseen. Nos ofende Rus al responder a discapacitados que piden un ascensor que bajen con cuerdas. Ofende Camps al inaugurar la maqueta de un hospital como prueba de sus promesas. ¿Por quién nos toman?

Algo va muy mal en un país en el que la ciudadanía considera a sus políticos un problema. Democracia no es sólo votar cada cuatro años. También lo es exigir limpieza, respeto y dignidad cada día a cada gobernante.

También lo es desechar el pesimismo y empezar a trabajar por la decencia. La democracia garantiza nuestros derechos. Aunque imperfecta, permite que exijamos  respeto a los que nos gobiernan. Porque están a nuestro servicio.

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