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Mujeres, no sólo esposas y madres

09/03/2011

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A la memoria de mi madre

El año 2011, en su centenario, el Día de la Mujer se ha dedicado a las mujeres mayores. Además de un acierto, es la reparación largamente dilatada de una injusticia histórica que las hizo invisibles y las relegó al papel de esposas y madres.

Nuestras madres han sido la base necesaria de nuestra libertad. Sin haber pronunciado nunca la palabra feminismo, sin ayuda, en soledad, sólo guiadas por su instinto y su sentido de la justicia. Lucharon duro para que nosotras llegáramos donde  a ellas nunca se les permitió.

Porque ellas fueron trabajadoras a tiempo completo de una empresa esclavista que nunca se lo reconoció: la familia tradicional. Invisibles, sin remuneración, sin derechos. Porque no se nace libre o esclavo, como no se nace mujer. La mujer se hace. Ellas fueron dependientes de sus maridos, ciudadanas de segunda y obligadas a ser invisibles. Y, sin independencia económica, no hay libertad posible.

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Soportaron sobre sus hombros la educación de los hijos en solitario, el cuidado de enfermos hasta la extenuación y, como pequeñas empresarias, administraron la economía familiar multiplicando sueldos y alargando pensiones de viudedad.

Hiperactivas por necesidad, incansables sin alternativa, soportando a veces la violencia de sus parejas como un castigo bíblico justificado por sus confesores.

Mujeres admirables que dejan en ridículo nada menos que al filósofo Kant que decía que la inteligencia de las mujeres no está hecha para grandes complicaciones. ¡Qué perspicacia la suya!

La sociedad patriarcal las relegó al papel de madres y esposas. Presuntas reinas de un hogar en el que reinaban pero no gobernaban a cambio de soportar el silencio impuesto.

Muchas de ellas sobreviven hoy gracias a la pensión de sus parejas. Nunca se les reconoció su trabajo. Nunca tuvieron tiempo para ellas. Su nivel educativo es bajo. El 75% de analfabetos son mujeres y viven más a cambio de ser más pobres, estar más solas y con menos salud.

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Podrían haber perpetuado su papel en sus hijas. Legarles la herencia envenenada de la dependencia. Pero prefirieron, guiadas por su instinto, hacerlas libres. Y hoy son madres orgullosas de economistas, médicas, abogadas, profesoras, empresarias… que luchan todavía por la igualdad y  les deben su libertad tanto como la vida.

Madres sin estudios con matrícula de honor, titulaba un periódico estos días. Matrícula de honor en inteligencia, en coraje y decisión y en generosidad también. Porque dieron su vida por hacer libres a sus hijas. Porque se inmolaron en un hogar cerrado para abrirles las puertas a las mujeres del futuro. Todavía hoy, el 92% dedica su tiempo al hogar y a la familia.

Las revoluciones silenciosas nunca aparecen en los libros de historia y, muy lentamente, vamos las mujeres subiendo peldaños de una igualdad inexistente todavía.

Quizá lo más triste es que parece que retrocedemos. Claman los neoconservadores por la vuelta al hogar de la mujer y manipulan desde tertulias indecentes del TDT Party para convencer a la sociedad de que las mujeres sirven mucho más en casa.

Claro, volver a explotarlas sale mucho más barato que pagar la Ley de Dependencia.

Por nuestras madres, no debemos tolerarlo. Les costó demasiado hacernos libres. Se lo debemos, además, a nuestros hijos: hombres y mujeres.

 

 

Imágenes: fotografías de Cristina García Rodero

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