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No todos pierden

02/02/2011

En Davos, un pueblecito de la opaca y rica Suiza, todos los comienzos de año se reúnen los  financieros para ejercer su liturgia de millones. Dicen que es para mejorar la situación de la economía mundial, pero en realidad sanean sus bolsillos a costa nuestra.

 Algunos de sus integrantes han sido los causantes de esta crisis desastrosa. Lehman Brothers se ha limitado a explicar su caída sin pedir ni una sola disculpa. El resto de responsables  desaparecen envueltos en indemnizaciones millonarias y disfrutan de  jubilaciones de diamante mientras los demás debatimos sobre un mes más o menos de cotización honrada.

No todos han perdido estos años. Paulson, uno de los especuladores más activos, ha ganado 3.700 millones de euros en 2010 y Citigroup recoge un record de 10.600 millones.

Estos dos últimos años se han ausentado de Davos, pero no crean que por vergüenza de lo hecho, sino quizá por no significarse. La herida estaba reciente. Sólo estaban preparando su vuelta. Y mientras algunos ingenuos pensábamos en la refundación del capitalismo, ellos estaban apuntalándolo en la sombra a costa del dinero público.

Este año se han dejado ver. Ahora amenazan en la mejor tradición mafiosa. La banca Morgan y Citigroup se permiten anunciar que si los someten a regulación, sea la que sea, elevarán el coste de los créditos e impedirán la recuperación. Usura chantajista en estado puro. Y a su amenaza se unieron el Santander y el BBVA.

Se enfrentan hasta a Sarkozy, un peligroso izquierdista como todos sabemos. Y nos auguran, si tocamos sus dorados tesoros, más paro y más miseria. Por algo son los dueños del dinero: el dinero público que les hemos prestado y que los ha salvado del desastre.

Su insaciable economía de casino nos ha hundido. Pero ponen muchas trabas, son demasiado poderosos. Y seguirán imponiendo sus criterios. Por ejemplo, desaparecerán las Cajas, que han cometido errores, pero será porque no son bancos, más manejables por los especuladores. Ferguson, historiador económico, afirma que el problema no son las cajas españolas sino los bancos alemanes. “Resulta increíble que los banqueros de nuevo quieran saltarse las reglas o eviten la regulación” dice el ex economista jefe del FMI.

Claro, ellos no serán los perjudicados. Lo serán los gobernantes. Políticos zarandeados por los ciudadanos furiosos y engañados. Ahora, algunos políticos responsables se esfuerzan, junto a los sindicatos y patronal, en salvar algo del destrozo. Pero la acción política, más si busca la justicia igualitaria, les inquieta.

El dilema es infernal: si no ponemos las bases de un reparto equitativo estaremos fomentando una nueva crisis, aún peor que esta. Si lo hacemos, sufriremos el chantaje de una economía especuladora e inhumana.

Se han recortado los recortes ya que no se puede pararlos. A veces, lo malo evita lo peor. Y se trata de andar cojos para evitar la mortal parálisis. Esperemos.

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