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Pesimismo letal

12/01/2011

Acaba la primera década del siglo XXI, y por todas partes se extiende el pesimismo. Hay quien desconfía de la humanidad en su conjunto e incluso quien niega el poder liberador de la civilización.

Pero nada es casual. Demagogia y miedo, perfectamente calculados, están extendiendo entre la ciudadanía un virus letal de desaliento. La democracia está mediáticamente condicionada por agentes que saben muy bien lo que buscan.

Los ladrones de esperanzas y los profetas del desastre pontifican a través de sus voceros mediáticos: esos tertulianos vociferantes y agresivos de las cadenas ultraconservadoras, hoy en España, casi omnipresentes.

El año 2010 se nos fue con el cierre de CNN+ una de las pocas luces en la tiniebla informativa del pensamiento único de las TDT. Las televisiones no reflejan ya la realidad sino que la crean a su medida.

Buscan  una ciudadanía aterrorizada y en consecuencia paralizada por un miedo a todo inducido y, a veces, sin base real. Miedo al inmigrante, miedo a la crisis, miedo al tiempo frío de invierno y al calor del verano, miedo a la vida en suma. En ese estado, todos nos replegamos y nos hacemos egoístas por simple supervivencia. El individualismo crece y la solidaridad se esfuma. Triunfa el sálvese quien pueda y a pesar de lo que sea.

Vivimos tiempos duros, es verdad, y hay gentes capaces de todo. Pero mover al odio y al resentimiento inducido por esos voceros produce crímenes horrendos como ha ocurrido en Arizona. Una líder del Tea Party había colocado en una diana virtual en Internet a la congresista demócrata agredida. Jugar con fuego suele quemar. Y la muerte es irreversible.

Prolifera el insulto y la agresión frente al razonamiento honesto, pero debemos negarnos al desaliento.

Hay que negarse a caer en manos de esa negrura estéril que sólo traerá miseria y dará carta blanca a los desalmados.

Podemos estar desanimados, pero nunca vencidos, como dijo en su despedida Gabilondo. La voluntad puede obrar el milagro de resucitar la ilusión. Debemos reprimir el egoísmo del miedo y apostar por la esperanza solidaria. Buscar a los que desean vivir libres y no morir esclavos. Porque somos dueños de nuestro destino y nadie podrá escribirlo en contra nuestra. Si nos buscamos, nos encontraremos y comprobaremos que somos muchos más de los que dicen.

No se trata sólo de seguir comprendiendo el mundo, sino que hay que empezar a transformarlo. Sin temor, con esperanza y en la confianza de que el ser humano también es capaz de grandes cosas. Porque ¿quién está más loco, el que se resigna a un mundo injusto o el que lucha por cambiarlo aunque sea embistiendo contra molinos de viento?

Los clásicos aconsejaban no desear rosas en invierno. Hoy brillan en todos los invernaderos. El 2011 exige no sólo desearlas sino luchar por ellas. Feliz y esperanzado año a todos.

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