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Balance final de curso

30/06/2010

Se cierra otro ciclo escolar y permanecen silenciosos los antes ruidosos patios de colegios e institutos. Algunos padres entienden, ahora que sus hijos son sólo suyos las 24 horas del día, la labor social y educativa de los tan denostados maestros y profesores.

Y en los recintos educativos, tras las duras jornadas de final de curso, todo maestro responsable realiza el balance del año que termina.

Éste ha sido especialmente duro porque la escuela no se libra de lo que esta tremenda crisis provocada por especuladores sin alma nos impone.

Ya sabemos que se recortan recursos, que se perderán profesores. Ya sabemos que se endurecerán, más si cabe, las condiciones de trabajo.

Dependemos, a todos los niveles, de la Consellería del señor Font de Mora y parece ser que su propósito es ahogar aún más a la enseñanza porque sus prioridades siguen siendo ocurrencias tan disparatadas como implantar el chino mandarín.

Como ejemplo, su empecinamiento en negar que catalán y valenciano son la misma lengua contra tres tribunales: el superior de Valencia, el Supremo y el Constitucional. Nos ha costado 17.000 euros y 35 sentencias. Parece que el conseller no conoce el atasco judicial y quiere darles trabajo a los jueces con asuntos científicos en los que huelga la discusión. Por fin, en mayo pasado, se cayó del caballo y aceptó obligado la unidad de la lengua. Gana la verdad, pero hemos tirado tiempo y dinero que se necesita para clases de apoyo o compensatoria. Las mismas que va ahora a recortar porque ayudan a los más desfavorecidos.

También, el famoso y publicitado plan contra la violencia escolar no es más que papel mojado porque las agresiones y faltas graves de respeto al profesorado no reciben nunca respuesta en sus silenciosas páginas virtuales.

El profesorado agradecería más apoyo real y menos leyes de pretendida autoridad que ya tenemos en la ley de funcionarios.

Otro ejemplo, Valencia es el farolillo rojo en competencias básicas de 4º de la ESO en España. Sólo por delante de Ceuta y Melilla. Triste honor que no se puede achacar a la ideología porque la primera comunidad es La Rioja del PP y la segunda Asturias, del PSOE.

Se trata de interés por la educación y aquí no lo hay ni se le espera. Construir algunos colegios para beneficiar a la siniestra Ciegsa, regida por gentes afines al PP y sin control de la oposición, no sirve más que para despilfarrar dinero necesario en otros capítulos.

Invertir en educación es rentable porque es el camino mejor para acabar con la crisis: revierte en la sociedad y los beneficios superan al gasto. La media de la OCDE está en el 5,3% y aquí, dos puntos por debajo.

Invertir en educación pública es creer en ella y luchar por que sirva para eliminar diferencias y para construir una sociedad fuerte y formada capaz de competir con el entorno.

Pero, claro, para eso hay que ser honesto y olvidar partidismos para colaborar en el bien común.

El balance no puede ser positivo y cada vez más la esperanza se quiebra. Sólo pedimos un poco de respeto por los que honestamente creemos en la educación como llave de futuro. Por encima de Fórmula 1, gente guapa y corruptos de todo tipo.

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