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Escuela clasista

26/05/2010

La escuela ya no es el lugar natural de la igualdad de oportunidades como pide la Constitución y soñábamos algunos. El sistema educativo reproduce de modo cruel las desigualdades económicas. La escuela concertada se ha convertido en una burbuja clasista donde se refugia la clase media para blindarse ante la realidad. Elige alumnos, elimina a los problemáticos y se nutre de fondos públicos.

Mientras todos no partan de las mismas condiciones, no se puede hablar de igualdad ni de libertad de elección.

Dice Daniel Pennac que estadísticamente todo se explica, pero personalmente todo se complica. Los números del informe PISA se han manipulado y se han ocultado datos significativos.

Por ejemplo, que nuestro sistema es de los más equitativos de la OCDE. Y también que, si eliminamos el factor sociocultural de la estadística, la escuela pública tiene resultados similares, e incluso más altos en muchos aspectos, que los de la concertada y privada.

Se empieza a estar harta ya de escuchar eso del fracaso de lo público cuando vemos a nuestro alrededor el derrumbe estrepitoso de lo privado en todos los ámbitos, empezando por el económico. Los buenos resultados no son garantía de eficiencia sino muchas veces de falta de exigencia.

Lo que ocurre es que nuestra escuela es clasista. El gasto de la Administración valenciana en la concertada es muy superior a los países de nuestro entorno. Sólo en Valencia su subvención, incluida la del Opus Dei, supera el gasto en infantil y, claro, no hay guarderías públicas y faltan medios en colegios e institutos.

Estudios sociológicos demuestran que el fracaso afecta más a las rentas bajas. Los hijos de padres sin estudios tienen un 20% más de riesgo de fracasar. Sólo un tercio cursará bachillerato y apenas la mitad de ellos llegará a la Universidad. Además, no los quieren en ciertos colegios. Sólo los acoge la red pública.

La escuela es el reflejo de una sociedad que prima al dinero sobre la  justicia equitativa.

Los años de locura inmobiliaria han arrojado al trabajo esclavo a miles de jóvenes sin formación. Un buen negocio para bolsillos privados, pero nefasto para el país y su productividad. Estamos a la cola de Europa y ya empezamos a pagar la factura.

Es difícil mantener el entusiasmo necesario en medio de una situación de emergencia. Porque no es la LOE, es la injusticia lo que nos impide hacer nuestro trabajo en la enseñanza pública.

 “Toda educación es un arte” decía Kant. Pero no son buenos tiempos para la tarea. Ni siquiera nos dejan ser meros artesanos del saber.

 A pesar de todo, siempre hay algún alumno que logra saltar el foso de la desigualdad. Y, por él, vale la pena seguir luchando.

 

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