Skip to content

Mujeres

10/03/2010

Hace un siglo, el 8 de marzo de 1910, se dictó una Real Orden que autorizaba la incorporación de la mujer a la Universidad Pública con todos los derechos.

Era entonces consejera de Instrucción Emilia Pardo Bazán, que conocía en carne propia la injusticia. Los rancios académicos de la Lengua la vetaron por ser mujer, libre, culta y, según ellos, de dudosa moralidad.

Hasta ese día sólo unas pocas mujeres habían osado desafiar la prohibición de estudiar. Eso sí, debían conseguir permiso del Consejo de Ministros. No tenían derecho a matrícula ni a título e incluso algunas, como Concepción Arenal, asistían a clase disfrazadas de hombre.

Por las mismas fechas, triunfaba en el teatro Gregorio Martínez Sierra. Las obras que firmaba las escribía su mujer, María Lejárraga, que fue diputada en Cortes por Granada y apoyó a Clara Campoamor en la defensa del voto femenino.

 Nunca dijo nada hasta que, viuda y anciana, reclamó frente a la segunda mujer del falso autor los derechos de su obra para sobrevivir.

Exiliada en EE UU, envió una comedia a la Disney. Se la devolvieron, pero pronto se estrenó La dama y el vagabundo con idéntico argumento. Otra vez condenada a la sombra por ladrones de textos.

No son los únicos casos de olvido y marginación, pero sí sangrantes y gráficos.

En ellas pienso cuando oigo voces escépticas e insolidarias que llaman a abandonar el camino por la igualdad. No me gustan los “días de” que se convierten en lavados de conciencia de los otros 364, ni las concesiones menores que evitan que se reclamen las fundamentales.

Pero menos me gusta que las mujeres se vean obligadas a escoger entre los hijos y el trabajo, que no haya guarderías públicas suficientes, que se penalice la maternidad, pero no la paternidad, cuando es cosas de dos. Ni que ellos ganen más a igual trabajo.

No por casualidad España tiene las tasas más bajas de empleo femenino. Cumplir la ley de Dependencia, que sólo en esta ciudad tiene desatendidas a más de 1000 personas, permitiría la incorporación de la mujer a la vida laboral. Estudios recientes afirman que más actividad femenina elevaría un 19% el PIB.

Hace un siglo que nos permitieron entrar en la Universidad. Hoy ya hay un 60% de universitarias, pero sólo el 13% llega a catedrática y pocas son rectoras.

Aprovechando la crisis, una perversa alianza entre fundamentalismo católico y  neoliberalismo amenaza  logros históricos.

Habrá que estar en guardia porque las conquistas sociales también son reversibles. Desde 1990 cada vez más mujeres agotadas abandonan la vida pública. Por desgracia, sigue siendo necesario un Día de la mujer.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: